Tras vencer a Novak Djokovic en la final del Australian Open, Carlos Alcaraz ofreció una entrevista íntima a El País donde reveló aspectos personales poco conocidos sobre su gestión emocional y competitiva.
El tenista español se describió a sí mismo como una «persona sensible a la que le afectan bastante las emociones», tanto para bien como para mal. Alcaraz confesó que lidiar con la presión de la élite es complejo debido a las altas expectativas del público y al impacto de las críticas en redes sociales, las cuales, cuando no son constructivas, pueden llegar a afectar el ánimo del deportista.

Sobre su motivación para superar problemas físicos y ganar el torneo, Alcaraz fue tajante: «odio perder». Su filosofía se basa en una ambición constante por mejorar y en la molestia que le genera no saber hacer algo o ser superado por otros. Disfruta observando su propio crecimiento y dando el máximo en cada torneo.
Al referirse a los calambres sufridos contra Alexander Zverev, Alcaraz destacó una clave de su éxito: aprender a sufrir sin demostrarlo: «Es algo en lo que hemos trabajado, en intentar no darle pistas a nadie, en general, de que estamos tensos, de que estamos sufriendo el momento».


